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Luz natural en edificios. Efectos psicológicos, térmicos y biológicos sobre el ser humano

By agosto 20, 2019 septiembre 6th, 2019 No Comments
luz natural

Eficiencia energética, luz natural, espacios abiertos,… Conceptos muy utilizados en la actualidad en el ámbito de la construcción y reformas de edificios y viviendas. En muchas ocasiones, parece que las normativas y las tendencias se acomodan por modas. Sin embargo, cuestiones como la eficiencia energética o la luz natural no son meros caprichos. En el artículo de hoy vamos a centrarnos en el segundo de ellos pues, como veremos, tiene un impacto fundamental en el ser humano. Es cuestión de salud. Más aún en países como el nuestro, que cuentan con muchas más horas de luz en la mayor parte del año, en comparación con otros países de nuestro entorno.

Efectos biológicos de la luz natural

Existen números estudios que certifican la importancia de la luz natural para nuestro estado de bienestar. Es, de hecho, el mejor controlador de nuestro reloj biológico. Afecta de forma fundamental a la actividad de las personas, a su estado de ánimo, al sueño e incluso a la capacidad de defendernos frente a posibles enfermedades.

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE) ha editado una Guía técnica centrada en el ‘Aprovechamiento de la luz natural en la iluminación de los edificios’. Aquí encontramos el efecto que genera sobre nosotros la ausencia total de luz. Con su falta, nuestro reloj biológico inicia un proceso de desincronización del “reloj ambiental”, que tienen una duración de 24 horas. Conforme se alarga este proceso, se produce una especie de fase de jet lag, que se frenaría con el restablecimiento de la luz. Es, por tanto, una cuestión vital y necesaria.

Los efectos sobre el estado de ánimo

La luz también afecta a cómo nos sentimos. Este mismo informe analiza el impacto emocional de tener acceso a vistas al exterior. Tanto es así que es común encontrarnos con técnicas de fabricantes que tratan de recrear alumbrados artificiales que simulen las condiciones externas. Se insiste en esta tendencia porque, de nuevo, está demostrado científicamente el impacto positivo para prevenir problemas como la fatiga o el sueño.

De ahí la importancia de que los edificios destinados a vivienda cuenten con las mejores condiciones lumínicas posibles. Pero también los espacios de trabajo, que deben abordar la posibilidad de aprovechar al máximo la luz natural. No es únicamente una cuestión de eficiencia energética. Ni siquiera una moda pasajera. Es una necesidad del ser humano que podemos obtener con una construcción y rehabilitación que tenga en cuenta el máximo aprovechamiento de la luz natural.

Más luz natural, igual a más ahorro

Cuanta más luminosidad natural se permite desde el exterior, menos serán las necesidades caloríficas a crear de forma artificial. Esto, como es lógico, redunda positivamente en un mayor ahorro para la comunidad, edificio o vivienda en sí. Con las tecnologías y medios actuales es posible crear una estructura que sea capaz de cerrar en verano las entradas de luz natural, para equilibrar la balanza térmica. Por la noche, estas mismas entradas se abrirán, para aumentar el enfriamiento de la zona en cuestión.

Como vemos, los beneficios de la luz son muchos. Sin embargo, puede que pienses que su incidencia también genera un aumento calorífico. Es cierto. Aunque puede prevenirse, especialmente en zonas sobre expuestas. Por ejemplo, los materiales que se encuentran en la fachada. Vivimos en un país con muchas horas de sol. Como decíamos, dicha luminosidad también conlleva concentraciones de calor por la radiación infrarroja que acompaña a la luz. En cualquier caso, la aplicación de filtros sobre dichos materiales podrá evitar:

  1. Un deterioro de los mismos, que pueden decolorarse si no son los adecuados.
  2. Un sobrecalentamiento por retención, que afecte a la estructura del edificio y, en consecuencia, a su interior. Esto tendría un efecto negativo sobre el aislamiento térmico, requiriendo de la utilización de aires acondicionados o similares para volver a equilibrar la balanza.

En definitiva, los efectos térmicos son fácilmente reversibles, consiguiendo además una mayor eficiencia energética en el edificio en cuestión. A cambio, el ser humano con más acceso a luz natural contará con un mejor ritmo biológico que determina una menor fatiga, menores niveles de estrés y una mayor calidad de vida.

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